Soñé que viajaba a Islandia. Dicen que está bastante barato y que los islandeses están hechos mierda.
Fue un sueño muy vívido. No hacía frío. Predominaban los colores claros. No teníamos alojamiento, estábamos con Male, y dormíamos en la calle, en un camino de tierra, a la intemperie, en nuestros sobres de dormir. La luna era increíblemente grande y sus dibujos eran totalmente distintos a los que se ven desde aquí (es decir, desde el lugar despierto). No era blanca, sino plateada, y brillaba con luz propia, con miles de hebras y puntos de luz plateados, diminutos, que bailaban hasta que la forma de la luna se deshacía.
Los islandeses tenían terrible onda. La gente nos veía en la calle y nos saludaban con cariño. La actitud predominante era medio hippie, había puestos de artesanías por todos lados, en la calle. Me hacía acordar un poco a Cabo Polonio. En un momento se ponía a llover torrencialmente y nos refugiábamos en una galería de artesanos que tenía techo y paredes de tela clara, de color crudo.
Había un costado siniestro: uno de los volcanes de Islandia entraba en erupción; el cielo se ponía negro, se cubría de nubes y gases, y se veía, cada vez más grande, el fuego. La sensación de amenaza era intensa, pero de a poco la erupción se fue debilitando y todo quedó tranquilo.
No recuerdo mucho más. Pasó cabalgando una muchacha completamente desnuda, sobre un caballo negro y peludo, con todo el cuerpo cubierto de un pelo crespo.
30 mar. 2009
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