Me subo a un taxi y le indico la dirección. Empezamos el camino de siempre. Hace varios días que el cielo está despejado, el sol brilla, el cielo es azul y se pueden ver los volcanes, y más lejos aún, una luna fresca y sola. La conversación con el taxista es pobre, digamos, un 6 en la escala de conversaciones con taxistas. Sólo comentarios sobre la mejor ruta y eso. Hay largos momentos de silencio, sobre todo, de la mitad del viaje para adelante. Me acompañan mis propios pensamientos.
Pero cuando estamos por llegar, el tipo me dice:
- ¿Sabe una cosa? Yo me imagino la Luna, pero como aquí en la Tierra, con su solecito... Usted qué me dice?
- (silencio anonadado) Perdón... no le entendí.
- Que yo me imagino cómo sería vivir allá en la Luna, supongo que sería como aquí, verdad? Con su solecito y todo....
4 dic. 2009
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