Los domingos son días complicados.
A las 9 de la mañana suena el teléfono. Es el Presidente, para contarme que el país va viento en popa y que él, personalmente, está trabajando para darme una vida mejor. Claro, como el hombre ya no puede ir al Parlamento a presentar su informe, luciéndose en medio de sus guaruras vestidos de humanos, recibiendo los aplausos automáticos de las corbatas y los trajes catatónicos cínicos parásitos, tiene que llamar a mi casa para despertarme, personalmente, y hacer que una grabación, personalmente, me cuente que el país va viento en popa y que él, personalmente, está trabajando para darme una vida mejor. Me dan ganas de decirle que el teléfono no está para esas cosas, no está para jugar, como me decían de chico. Y el estado tampoco está para eso. El estado no está para gastar lo que yo le pago de impuestos en promoción política. El estado no está para colgar su foto en todas partes, o para que usted mande cartas a los becarios recordándoles cuánto le deben (por esas becas que existen mucho antes de que usted se vistiera con trajes tan caros y se sentara en ese sillón tan grande). El estado, como el teléfono, está para las cosas importantes.
El teléfono está para trabajar, y para avisar cuando alguien se murió. Imaginate, domingo a las 9 am, suena el teléfono, qué pensás? Pensás que se murió alguien. Entonces, cuando ya terminaste de putear a la grabación, decís "me voy a dormir", pero te das cuenta de que no podés, porque el corazón te quedó en la boca.
De a poco lográs conciliar el sueño y empezás a soñar que estás esquiando o algo así. Que volás.
A las 9.26 suena el teléfono.
Buscan a un tal Iván López, que debe 3,000 pesos a los hijos de mil putas de Banamex. Es la vez número 36 que llaman en el año, en serio. Llaman todos los fines de semana, y a veces entre semana, a las horas más inconcebibles. A veces es una computadora, que te dice que pagues. A veces es una computadora que dice que pagues o que si no van a embargarte todo. A veces es una persona de carne y hueso, cansada, que repite cosas. Le preguntás por qué siguen llamando si ya les dijimos mil veces que Iván López no vive ahí. En lugar de contestar, preguntan si no lo conocemos o si no sabemos dónde vive. No, no lo conozco, y si supiera no te diría. Pero algo sé, y es que por lo menos hace siete años que no vive acá, así que actualicen su base de datos y déjense de joder. "No podemos hacer eso, señor, la base de datos es de Banamex." ¿Y ustedes no son Banamex? "No, señor, somos un despacho que se encarga de hacer las cobranzas, pero no podemos cambiar la base de datos". Bueno, no sigan llamando porque si no les vamos a hacer una denuncia en el Ministerio Público por hostigamiento (¿?). "Yo lo entiendo, señor, pero nosotros no podemos dejar de llamar". Entonces ya van a ver. Click.
Por supuesto que nunca vamos a hacer esa denuncia. Ya se cansarán de llamar.
Qué hago? Sigo durmiendo? Mah, si. Intentémoslo una vez más.
Apoyo mi cabeza en la almohada.
Pasan cinco minutos.
TRIIII TRIIII!!!
Mensaje de texto. "APROVECHA! MOVISTAR TE OFRECE $50 PESOS DE TIEMPO AIRE GRATIS PARA MANDAR MENSAJES A QUIEN QUIERAS DEL 15/09 AL 29/09. RECARGA DESDE $100 Y VIVE LA EXPERIENCIA MOVISTAR".
Como éstos, llegan cuatro el fin de semana. Y en la semana llega uno por día, más o menos.
Un par de amigos me contaron que los de Movistar ya están empezándolos a llamar para ofrecerles cosas. Están pasando del acoso por SMS al acoso directo, por parte de humanos. ¿Quién dijo que las máquinas desplazarán a los hombres? Acá tenemos el ejemplo contrario. Para un trabajo que perfectamente puede hacer una máquina, ponen a un tipo.
El teléfono ya no es mío. Ya no está a mi servicio. Ya no está para resolver mis problemas. Está al servicio de otros, para resolver problemas de otros, para que otros hagan plata o se promuevan, y para crearme problemas a mi. Problemas para descansar, por lo menos. Problemas para decidir qué hacer con mi tiempo, en mi propia casa. Ya no controlo qué pasa dentro de mi casa.
Si quisiera seguir durmiendo, tendría que ignorar el estruendo que hace la fiesta religiosa del pueblo, hoy, desde las 9 am también. Uno tras otro, explotan miles de cohetes. Corrijo: miles de pesos en cohetes. Los tira gente pobre. Uno tras otro. Cohetones que hacen temblar el aire, disparan las alarmas de los autos, hacen ladrar a los perros, y sacuden los vidrios. Cohetones cuyo ruido entra a mi casa como la guerra, como un padre enojado que golpea las puertas, como un comando de elite que viene a buscarte. De vez en cuando, una andanada de cientos de cohetes explota a la misma vez, sin parar, durante dos minutos. Si estás viendo un video en la computadora, ya no podés escucharlo.
Ahora, si yo no soy católico, ¿por qué tengo que participar de esta fiesta católica? ¿Por qué no tengo derecho a que en mi casa haya un ambiente más o menos tranquilo? ¿Por qué la fiesta del pueblo tiene que meterse a mi casa?
Y ya que preguntamos, ¿por qué no desmontamos todas las iglesias y las reconstruimos bajo la tierra? Vieron que no dije "destruir", ni "volar", ni "quemar". Dije "desmontar". Hacer un agujero enorme y reconstruir, íntegras, las iglesias bajo la tierra. Volver a los orígenes del cristianismo puro, milenarista, de la gente que se hacía comer por los leones. Volver a las catacumbas. Y sobre todo, no joder a los romanos que queremos vivir tranquilos, envueltos en nuestras túnicas, tomando nuestros baños termales en silencio o conversando sobre lo caro que está el dólar.
6 set. 2009
Suscribirse a:
Entradas (Atom)