
Martes
Hoy no me desperté bien. Estuve todo el día con la vista nublada, aunque la palabra exacta no es "nublada"; más bien es "opaca". Mi casa, habitualmente luminosa, parece envuelta por una membrana translúcida. He tenido que prender las luces desde la mañana.
Por la tarde apareció frente a mi, en el pasillo, un gato anaranjado, bastante grande. Se detuvo, me miró un segundo y siguió caminando. No me gustan los gatos, así que fui detrás para sacarlo de la casa, pero cuando estuve cerca no me atreví a agarrarlo. No se por qué, creo que percibí algo amenazante. El gato se limitó a mirarme.
Oscureció muy rápido. Durante el resto de la tarde y la noche el gato ha estado moviéndose en la casa, aunque lo he visto poco. He recorrido varias veces las habitaciones para saber qué hace. En ocasiones parecía haber desaparecido; otras veces sólo escuchaba algún ruido. Sé que no se está escondiendo porque es obvio que mi presencia le importa poco.

Miércoles
La casa casa parece un poco más oscura que ayer.
Hoy el gato se acercó demasiado. Estaba mirando la TV y se subió al sofá. En otro momento pasó muy cerca de mis pies. El resto del día sentí que andaba por ahí, aunque no lo vi más. Me he propuesto dejar de pensar en el, y si es posible, evitarlo.
Jueves
Hay otro gato en casa. Mejor dicho, un gatito. Es todo blanco, chiquito; debe tener un mes de nacido. Entré a mi cuarto y ahí lo vi, cerca de la mesa de luz, desconcertado. Lo agarré con cuidado y no quiso escaparse.
Sentí que con un gato así podía encariñarme. Pero el otro, el naranja, me pone incómodo. Este gatito es tan indefenso; creo que en cualquier momento el otro lo puede atacar. Lo peor de todo es no saber nunca dónde está el gato naranja. Estoy seguro de que sigue en la casa. Es como si estuviera en todas partes, pero nunca lo veo.
Viernes
Todo el día temí por la seguridad del gato pequeño. Finalmente tomé valor y decidí hacer una prueba. Agarré al gato naranja, que no opuso resistencia, y lo llevé hasta donde estaba el gatito blanco. Con una mano tomé la cabeza del gatito blanco, y con la otra la cabeza del gato naranja. Usando dos dedos presioné sobre las mandíbulas del gato naranja hasta que tuvo que abrir la boca. Dejé ahí los dedos para mantenerla abierta, y con mucho cuidado introduje la cabeza pequeña del gatito en la boca del gato naranja. Pude sentir claramente cómo el gato naranja intentaba cerrar la boca, haciendo cada vez más fuerza sobre mis dedos, para decapitar al gatito. Ahora las intenciones del gato naranja son evidentes.
Sábado
Mi casa parece más chica. Las penumbras están por todas partes, y es difícil ver a través del aire tan denso. El gato naranja pasó frente a mí un par de veces. El gatito blanco está siempre cerca de mi; trato de tenerlo siempre a la vista, para cuidarlo.
Por la noche he sentido ruidos, pisadas amortiguadas, algunos golpes sordos. Es obvio que hay varios gatos más en la casa, no sé cuantos. No puedo verlos, pero están por ahí. Cuando las penumbras lo cubrieron todo decidí no seguir dando vueltas y me fui a acostar.
Domingo
Pasé muy mal la noche. Pude dormir muy poco. Debieron ser esos ruidos apagados, constantes, que hacían los gatos. Me desperté muchas veces envuelto por la oscuridad, con calor, y con la sensación de estar en un lugar que no conocía, muy lejos de mi casa.
Por la tarde tuve una intuición súbita, y me fue dado aclarar un poco la situación en que estoy.
Por la tarde tuve una intuición súbita, y me fue dado aclarar un poco la situación en que estoy.
Trataré de explicarlo.
Entre mi cama y la pared se ha ido acumulando una gran montaña de ropa sucia. Hace como dos meses que no voy a la lavandería, porque tengo muy poco tiempo. La montaña de ropa cada vez me molestaba más, sobre todo porque mi cuarto no es muy grande. De pronto hice una conexión. El problema con los gatos tenía que ver con la montaña de ropa. Solucionado eso, lo de los gatos quedaría más claro.
Así que me acerqué al montón de ropa y, con mucha precaución, comencé a retirar las prendas. Había bastante olor, espeso y sucio. Debajo de una sábana parecieron unos bultos que se movían.
Al sacarla, vi a los gatos.
Debían ser unos ocho. Estaba el gato naranja; había además dos o tres gatos negros, grandes, y una gata blanca muy flaca. También vi al gatito blanco, y a otros gatitos más, más chicos que él, casi ciegos. Algunos eran tan chicos que parecían de plástico, unas miniaturas brillantes sin pelo. Unos juguetitos. Dejé la habitación porque no podía dormir allí; busqué un sofá.
Lunes
Creo que hoy amanecí mejor; mi vista parece estar recuperándose. Por la ventana puedo ver algo de sol. La casa está iluminada.
Los gatos siguen ahí, entre la ropa, indiferentes a mi presencia. No se si comen o no, y me preocupo por los chicos, que deben tener hambre. Sigo temiendo por lo que les puedan hacer los gatos grandes, silenciosos, ominosos.
Por la mañana decidí llevarles un plato hondo con leche y se abalanzaron, sobre todo los chiquitos, pero también la gata flaca, que tiene el pelo blanco pero muy sucio. Los gatos grandes no estaban. Me sentí bien al ver que comían, pero también me di cuenta de que había complicado todo. La gata flaca, probablemente la mamá de los gatitos, comenzó a seguirme con insistencia, pegada a mis pies, para que le diera más comida. Preferiría que no dejara solos a sus gatitos, aunque no se cuánto podrá protegerlos de los gatos grandes.
Martes
Los gatos ya no me preocupan. Mi atención se ha desplazado ahora hacia una familia que entró a mi casa. Tenían la llave, me pregunto de dónde la habrán sacado. Es una pareja de adultos con una nena de unos ocho o nueve años; ninguno de ellos es particularmente llamativo. No parece molestarles mi presencia, pero tampoco puede decirse que me ignoren. He tratado de apartarme, de no molestar. Han dado unas vueltas, se han servido café, conversan entre ellos. Hacen lo que todas las familias. Ahora, por ejemplo, la niña está mirando la tele en el living a oscuras. La cara de la madre es un poco blanca. La niña no tiene ningún rasgo destacable.
Al que todavía no consigo verle la cara es al esposo. Tal vez sean mis ojos, que se están apagando, pero también puede ser que tenga la cara borrada.
